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Educación emocional en la escuela

En los últimos años, hay un debate abierto en torno a la necesidad de implementar una asignatura específica de educación emocional para niños y niñas en las escuelas, como una materia más dentro del currículum escolar.  Esto, sin duda, es un gran paso porque pone sobre la mesa una realidad innegable: debemos acompañar a las personas desde la infancia para que alcancen una autonomía y salud emocional adecuada.

Desde Va de Cuentos estamos convencidas de la importancia de acompañar las emociones desde la infancia, y también estamos convencidas de que el cambio debe empezar por el equipo docente

También creemos que la educación emocional no debería ser una asignatura en la escuela, debería ser una constante en el aula.

¿Por qué? 

Porque las emociones no se educan, se acompañan. Y porque para que se dé un verdadero acompañamiento de las emociones, debemos dirigir los esfuerzos a otorgarle al acompañamiento emocional el espacio que se merece dentro de las aulas, pero de una manera transversal, naturalizando las emociones y educando desde el ejemplo.

En este artículo queremos aportar a este debate nuestro punto de vista a través de 5 puntos principales:

  1. La autonomía emocional como objetivo
  2. La escuela como aprendizaje para la vida
  3. La brecha entre la educación infantil y la educación primaria
  4. La educación emocional como constante en el aula
  5. El profesorado como modelo

No olvides comentar al final si estás de acuerdo, queremos conocer vuestra opinión 😉

El objetivo de la educación emocional: alcanzar la autonomía emocional

Educación emocional en la escuela

Como bien apunta Bisquerra, R. (2009) “el objetivo de la educación emocional es el desarrollo de competencias emocionales: conciencia emocional, regulación emocional, autogestión, inteligencia interpersonal, habilidades de vida y bienestar”.

Y estas habilidades y competencias no se aprenden haciendo fichas en las que relacionamos una cara con una emoción, ni tampoco aprendemos autogestión emocional por tener una hora a la semana en la que expresarse emocionalmente esté permitido. Estas propuestas no tienen nada que ver con la vida real, no tienen nada que ver con lo que lxs niños y niñas van a tener que gestionar en la vida.

Para que el alumnado llegue a tener una autonomía emocional hay que crear dinámicas interpersonales que les permita expresarse emocionalmente cuando lo necesiten, con tiempo, respetando sus ritmos y necesidades, de manera constante. Y para ello, el aula debe ser un espacio seguro, de confianza.

Educación emocional en la escuela: un aprendizaje para la vida

La escuela debería ser un espacio de aprendizaje para la vida. Por un lado, hay asignaturas y materias que nos aportan conocimientos para entender y funcionar en el mundo que nos rodea. Por otro lado, y quizás aún más importante, la escuela es un lugar de convivencia, un simulacro de cómo va a ser la vida en un futuro. 

Por lo tanto, la escuela debería ayudarnos a saber estar en el mundo, a entender a lxs demás y sobre todo, a nosotrxs mismxs. Y ese, debería ser el papel fundamental de la docencia: ser referentes adultxs responsables y respetuosxs.

En la escuela aprendemos a relacionarnos, el hecho de convivir con tantas personas distintas a ti durante años, es una prueba de convivencia más que enriquecedora. 

En la escuela aprendemos a compartir, a saber que a veces, aunque desees algo mucho, no puedes tenerlo en todo momento y también a aprender que el/la otro/a también tiene unas necesidades, y estos son los primeros pasos hacia la comprensión de la empatía.

En la escuela, resolvemos nuestros primeros conflictos. El recreo y el aula son campos de batalla en muchas ocasiones y para poder sobrevivir, necesitas estrategias de afrontamiento que te ayuden a empoderarte, a decir que no y a poner límites personales.

También, en la escuela, tenemos la oportunidad de tomar pequeñas decisiones día a día, debería ser un lugar donde aprender a escucharte, a identificar qué te gusta y qué no, y hacia dónde quieres dirigir tu camino.

La escuela es un lugar donde abrirse, donde darse a conocer, donde ofrecer lo mejor de ti y entablar las primeras relaciones de amistad.

La escuela debería darnos todas estas herramientas de autorregulación emocional, para que nos formemos como personas con autonomía emocional y aprendamos a gestionar las emociones de forma adecuada. En la escuela debería imperar una educación respetuosa con la infancia. Pero, ¿realmente es así?

Educación emocional en infantil y en primaria: la gran brecha

Después de más de 12 años formando a profesionales de la educación, podemos decir que tanto nosotras como lxs profes con las que trabajamos, vemos una brecha muy pronunciada entre lxs docentes de infantil y de primaria, en cuanto a la importancia que se le da a las emociones en el aula.

En educación infantil el profesorado suele estar concienciado sobre la importancia de atender a las necesidades emocionales que aparecen en este grupo de edad, el acompañamiento al llanto, el duelo por separación al entrar a la escuela, las primeras dificultades en el encuentro con el/a otro/a, etc. En las aulas de educación infantil suele haber un espacio para sentir, para las emociones en general, aunque si bien es cierto que lo hay, no siempre el acompañamiento de lxs adultxs es respetuoso.

Después los niños y las niñas llegan a primaria y parece que aquí ya no hay espacio para las emociones, el currículum ocupa todo el horario escolar y la presión del profesorado ante la consecución de objetivos curriculares absorbe un espacio muy necesario y nada atendido, como es el de la educación emocional.

Educación emocional en la escuela: no es una asignatura, es una constante

Para que realmente la escuela atienda a las necesidades de la infancia en relación con la gestión emocional, la educación emocional tiene que ser transversal, tiene que estar integrada en la forma de educar del equipo docente, y debe estar presente en la manera de interactuar con los niños y niñas en el día a día. 

No puede ser una asignatura que tenga un pequeño espacio calendarizado en la semana ni se puede evaluar, ¿o es que se pueden ponderar las emociones? ¿Cómo se puede suspender algo que estoy sintiendo?

Lo que necesitamos en la escuela son adultxs que entiendan qué son las emociones, que faciliten espacios de discusión, de comunicación, asambleas, entornos propicios para que el alumnado pueda expresar cómo se siente, qué necesita y cómo está el grupo en general, para poder favorecer que todo el entramado emocional vaya resolviéndose e integrando conforme se va vivenciando.

También necesitamos docentes que entiendan que es esencial respetar los tiempos de aprendizaje y los intereses individuales del alumnado. Si nos dejamos llevar por la presión curricular y adoptamos estrategias como el castigo, los premios, la presión y otras formas autoritarias, lo único que estamos haciendo es poner al niño o la niña en una situación de vulnerabilidad, miedo y ansiedad que está muy lejos de facilitar el aprendizaje. 

Si por el contrario, naturalizamos el error, atendemos a las necesidades individuales y somos capaces de conseguir que un niño o niña se sienta segurx, confíe en el/la adultx, sabrá gestionar la frustración y tendrá una buena autoestima y por tanto, podrá con todo. En esto deberíamos de poner el acento, en que se sientan bien con ellxs mismxs y tengan estrategias de afrontamiento para conseguir sus metas. 

El profesorado como referente: seamos modelos a seguir

Educación emocional en la escuela

Los maestros y maestras son unos de los primeros referentes adultos en la infancia y serán sus intervenciones, su forma de acompañar, de resolver y de vincularse al alumnado lo que acompañará en el futuro a sus alumnxs.

Por eso, creemos que la formación en acompañamiento emocional debería ser parte obligatoria del grado de educación infantil, primaria y de cualquier especialidad. 

Para poder acompañar emocionalmente a niños y niñas, las personas adultas debemos primero hacer un trabajo individual de gestión emocional, debemos conocer, regular y expresar nuestras propias emociones de forma adecuada para que el alumnado tenga un modelo a seguir, un ejemplo de cómo relacionarse con lxs demás y de cómo ser emocionalmente competente en el futuro.

Si en el aula un niño o una niña se siente respetadx, escuchadx y aceptadx, si en el aula se resuelven conflictos de manera respetuosa y se educa en igualdad, entonces el alumnado integrará esta manera de afrontar la vida de forma innata. Esa es la verdadera forma de aprender algo: sentirlo y vivirlo.

Si la educación emocional en la escuela es vivencial, se dará de forma genuina. Esforcémonos para que así sea, pues tener una buena salud emocional es una de las asignaturas más importantes para la vida.

Y tú, ¿qué opinas? Queremos leerte 🙂

3 Comments

  1. […] no se educan, no se enseñan como si fuera una materia de clase. Se comprenden y se acompañan. La educación emocional en la escuela debería ser una constante, no una asignatura y para que eso pase, debe haber acompañamiento […]

  2. judith weiss 8 julio, 2021

    la educación emocional en la escuela debería estar presente por ejemplo en talleres de lectura y charlas que reflejen nuestras conductas y sentimientos, juegos de roles etc.

  3. Eva Lacarra 8 julio, 2021

    Los primer@s que tendríamos que aprender educación emocional seríamos los adultos.no? Ser conscientes de nuestras emociones y cómo reaccionamos, que consecuencias hay con nuestros actos y desaprender …que sentido tiene enseñar algo que no entendemos y que no lo hemos reflexionado como adultos previamente conociéndonos y adentrándonos en nuestro interior.
    Maestr@s que teorizamos desde el cerebro y no desde un equilibrio corazón, mente y espíritu. Un abrazo y gracias por vuestra labor.

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