Sexualidad femenina: un viaje feminista para reapropiarnos de nuestro cuerpo y nuestra historia
Durante siglos, el cuerpo de las mujeres ha sido observado, explicado y normativizado desde miradas externas. Principalmente masculinas, médicas y culturales.
La sexualidad femenina no se ha pensado desde la experiencia de las mujeres, sino desde lo que se esperaba de ellas.
Complacer.
Reproducirse.
Adaptarse.
El deseo femenino quedó fuera del relato.
Recuperar el cuerpo como territorio propio implica algo profundamente político: reconocer que el deseo y el placer forman parte de nuestra autonomía.
Sin embargo, como señala la investigadora Katherine Angel (2021), el problema contemporáneo ya no es solo la represión del deseo femenino, sino también una nueva presión cultural: la exigencia de ser mujeres sexualmente empoderadas y siempre deseantes.
Un nuevo mandato que, paradójicamente, puede volver a alejarnos de nuestro propio cuerpo.
Porque el deseo no puede imponerse.
Solo puede escucharse.
El cuerpo y la sexualidad femenina
Durante siglos, el cuerpo de las mujeres ha sido observado, normativizado y explicado desde miradas externas, principalmente masculinas y médicas, lo que ha condicionado profundamente la forma en que se ha entendido su sexualidad. La sexualidad femenina ha sido regulada, silenciada o definida en función de las necesidades y expectativas ajenas. Recuperar el cuerpo como lugar propio implica reconocer que el deseo y el placer forman parte de nuestra experiencia vital y de nuestra autonomía.
Katherine Angel (2021) plantea que uno de los conflictos centrales en torno a la sexualidad femenina actual no reside tanto en la ausencia de deseo sino en la presión por desear de una determinada manera. Esta autora cuestiona especialmente la exigencia de una sexualidad femenina autónoma y empoderada como nuevo mandato, lo que puede generar desconexión corporal y dificultar una vivencia auténtica del placer.
La invisibilización del deseo femenino
El deseo de las mujeres ha estado históricamente marcado por el mandato de complacer y el miedo al exceso. Desear demasiado o desear poco ha sido motivo de juicio. En este contexto, muchas mujeres han aprendido a desconectarse de lo que sienten para adaptarse a lo que se espera de ellas.
Darder, Salvadó y Gallifa (2018) subrayan que la educación tradicional ha invisibilizado el deseo femenino como experiencia legítima, autónoma y diversa. Además, señalan que esta invisibilización no es solo educativa, sino también cultural y social, lo que favorece que el deseo se viva con culpa, duda o confusión, dificultando su reconocimiento y expresión.
Placer: lo que no nos enseñaron a nombrar
El placer femenino pocas veces ha sido un tema central en los discursos sobre sexualidad, tratado como algo secundario y subordinado a modelos relacionales y reproductivos centrados sobre todo en la heterosexualidad. Esta concepción ha limitado la comprensión del placer como una experiencia legítima y diversa, afectando no solo a mujeres heterosexuales, sino de manera especialmente significativa a mujeres lesbianas y mujeres transexuales, cuyos deseos y prácticas han sido invisibilizados, excluidos o patologizados.
El placer sexual no puede entenderse como una respuesta meramente fisiológica, sino como una experiencia compleja y situada, influida por factores emocionales, relacionales y socioculturales
(Laan et al., 2021). En el caso de las mujeres lesbianas, investigaciones recientes muestran que sus vivencias sexuales tienden a ser percibidas como más placenteras, al estar menos centradas en la penetración y más orientadas a la exploración corporal, la comunicación y la reciprocidad (Laan et al., 2021). Bradford y Spencer (2020) señalan que, para las mujeres transexuales, el acceso al placer ha estado condicionado por la estigmatización corporal y por enfoques sanitarios centrados prioritariamente en la disforia, relegando el bienestar sexual a un segundo plano.
Desde el ámbito del Trabajo Social, Reggiardo (2020) destaca que reapropiarse del placer implica desarrollar una relación más consciente con el propio cuerpo y con la experiencia erótica. La autora sitúa el placer como un campo de intervención psicosocial y no como una experiencia meramente individual. El erotismo femenino necesita tiempo, seguridad y un entorno que legitime la exploración sin juicios ni exigencias externas.
Reapropiarse del cuerpo
Habitar el cuerpo desde un lugar propio supone también revisar cómo nos relacionamos con nosotras mismas. Fina Sanz (2017) propone una sexualidad basada en la autonomía, el consentimiento y el buen trato, entendiendo el placer no como rendimiento, sino como presencia y escucha.
Reapropiarse del cuerpo no significa cumplir nuevos ideales sexuales, sino desmontar los antiguos. Implica preguntarse qué deseo, qué siento y qué necesito, sin prisas ni juicios para que el placer deje de ser una meta y se convierta en un proceso vivo y cambiante.
Acompañar a la infancia y la adolescencia desde la autonomía y el respeto
Repensar el deseo, el placer y la relación con el cuerpo implica también revisar cómo acompañamos a la infancia y la adolescencia en sus procesos de desarrollo corporal y sexual. La manera en que las niñas y los niños aprenden a relacionarse con su cuerpo, con los límites y con el consentimiento sienta las bases de futuras vivencias más autónomas y seguras.
Fomentar la autonomía corporal en la infancia no significa adelantar experiencias, sino garantizar un entorno donde el cuerpo sea vivido como propio y digno de cuidado. Tal como señalan enfoques de Educación Sexual Integral (UNESCO, 2018), nombrar el cuerpo, respetar los límites, promover el consentimiento cotidiano y ofrecer modelos de buen trato contribuyen a prevenir violencias y a fortalecer una relación más sana con el deseo y el placer en etapas posteriores.
Artículo escrito por la alumna en prácticas Aroa Fernandez, con la supervisión de Natalia Martínez.

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Un viaje feminista para reapropiarnos del deseo y el placer, cuestionar los mandatos que nos atraviesan y aprender a acompañar a la infancia y la adolescencia, desde el respeto y la autonomía.
Referencias bibliográficas
Angel, K. (2021). El buen sexo mañana. Alpha Decay.
Bradford, NJ, Spencer, K. Placer sexual en personas transgénero y de género diverso: una actualización sobre los avances recientes en el campo. Curr Sex Health Rep 12 , 314–319 (2020). https://doi.org/10.1007/s11930-020-00284-2
Darder, M., Salvadó, L., & Gallifa, E. (2018). Mujer, deseo y placer. Por una nueva sexualidad femenina. Octaedro.
Laan, ETM, Klein, V., Werner, MA, van Lunsen, RHW y Janssen, E. (2021). En busca del placer: Una perspectiva biopsicosocial sobre el placer sexual y el género. Revista Internacional de Salud Sexual , 33 (4), 516–536. https://doi.org/10.1080/19317611.2021.1965689
Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (14 de marzo de 2018), «Orientaciones técnicas internacionales sobre educación en sexualidad», UNESCO.
Reggiardo, V. (2020). El placer, el deseo y el goce sexual de mujeres heterocis como campo de intervención del Trabajo Social.
Sanz, F. (2017). Psicoerotismo femenino y masculino: Para unas relaciones placenteras, autónomas y justas. Kairós.


