Resolución de conflictos en el aula desde la óptica del acompañamiento emocional
ÍNDICE DE CONTENIDO
- Función del enfado y la rabia.
- El conflicto, un momento óptimo para trabajar con el grupo dentro del aula.
- La resolución de conflictos en el aula: estrategias y herramientas
- ¿Cómo acompañar un conflicto en el aula de forma respetuosa?
- Cursos y bibliografía
El acompañamiento emocional en la infancia atiende de forma respetuosa a todas las emociones, por eso, en este artículo, pretendemos hablar sobre los conflictos, el enfado y la rabia desde esta óptica, y proponemos estrategias y herramientas de resolución de conflictos y para comprender la emoción del enfado, desde el respeto y el amor.
Los conflictos no son más que el desacuerdo entre dos o más personas sobre una cuestión común. Por ello, como el aula es un espacio de convivencia, es un contexto en el que surgirán de forma recurrente. Por ello, debemos naturalizarlos y validarlos para ayudar a una correcta gestión de los mismos.
Entender las emociones que el conflicto despierta en cualquier persona y ser capaz de identificarlas , es clave para poder acompañarlo de forma respetuosa.
“ En un conflicto,no importa tanto qué está pasando, como qué están sintiendo lxs niñxs”
Beatriz Pérez, Directora de Va de cuentos)
Resolución de conflictos en el aula: Función del enfado y la rabia.
Como decimos siempre, cada emoción tiene su función, y así sucede también con el enfado y la rabia. Ambos pueden aparecer cuando nuestro deseo no encuentra una satisfacción, para mostrarnos que algo o alguien está traspasando nuestros límites o cuando identificamos una situación como injusta. (Simó,2019)
Así, la rabia y el enfado movilizan nuestra energía para ayudarnos a poner los límites necesarios para evitar estas situaciones que generan malestar.
Así como explica Mireia Simó, “…el enfado saludable nos ayuda a tenernos en cuenta y a cuidarnos. La rabia nos invita a afirmar nuestros deseos y a defender nuestro espacio, nuestra persona y nuestra integridad.” (Simó, 2019).
Sin embargo, frente a un desajuste conductual o frente a la falta de habilidades para gestionar estas emociones, podemos observar en lxs niñxs conductas de violencia, donde esta rabia y frustración se descargan sobre el otro o contra unx mismx.
No debemos confundir violencia con agresividad, pues la agresividad es la movilización de la energía, natural y evolutiva, que nos ayuda a conseguir y conservar lo que tenemos.
“Es muy importante que los niñxs expresen esa agresividad porque les va a ayudar a poner límites en otras situaciones y cuando sean adultxs también. Esa agresividad que sacamos al sentir que nos están agrediendo es la expresión del enfado, y no debemos reprimirla.” (Beatriz Pérez, directora de Va de cuentos)
Llegar a la violencia por tanto, es un modo de canalizar la agresividad que nos lleva al conflicto, cuando se es incapaz de expresarla poniendo nombre a nuestras emociones y sentimientos.
“… La conducta violenta trae consigo la existencia de carencias, en cuanto a recursos a nivel personal y grupal, para afrontar conflictos en las relaciones del aula, mediante actitudes y medios no-violentos.” (Vaello, 2016)
Por ello, consideramos la importancia de, como acompañantes en el aula, poseer las habilidades necesarias para gestionar estos conflictos de forma respetuosa.
El conflicto, un momento óptimo para trabajar con el grupo dentro del aula.
Alzate (2004) habla de los conflictos como algo ineludible que deriva de las relaciones humanas y sociales, entender los conflictos en el aula desde esta perspectiva nos permitirá comprenderlos como una oportunidad para dotar al alumnado de herramientas prácticas para la gestión emocional.
El modo en que se afronte un conflicto, de forma constructiva o destructiva será muy relevante en el funcionamiento grupal. Así pues, la visión respetuosa y que comulga con el acompañamiento emocional debe encaminarse hacia una mirada que “aproveche” el conflicto y no que pretenda eliminarlos de los espacios de convivencia.
Así pretendemos dotar a niños, niñas y adolescentes de habilidades para transformar el enfado que destruye: “te odio porque me has quitado el juguete” al enfado que resuelve “me molesta que me quites los juguetes cuando los estoy utilizando, ¿hacemos turnos? “
La resolución de conflictos en el aula: estrategias y herramientas
La comprensión de la emoción del enfado y por ende, el conflicto, como algo natural y saludable dentro del aula, nos permitirá comprender la primera estrategia de resolución de conflictos que proponemos:
Que no es otra sino la prevención , que podrá alcanzarse mediante diferentes medios en función de la edad :
- Espacios de juego pensados para lxs niñxs. “que el lugar en el que los niños y niñas se desarrollan esté pensado para ellos, nos evita poner muchos límites y permite a los niños desarrollarse con mayor libertad” (Beatriz Pérez, directora de Va de cuentos)
- Generar espacios para hablar de los “pequeños” conflictos de forma habitual, donde vayamos adquiriendo herramientas de expresión y control emocional, si dentro de la asamblea que se realiza en el aula, incluimos momentos para expresar cómo nos sentimos y comentar el día, facilitaremos la expresión y regulación emocional.
- Hablar del enfado , sin que nadie esté enfadadx. Esto es, ponerle nombre a las emociones y hablar sobre ellas de forma habitual en el aula, mediante soportes como el álbum ilustrado, a través de vivencias personales del alumnado, mediante el juego simbólico, o incluso el role playing con adolescentes. Que exista un espacio para hablar desde la calma y sin urgencia de las emociones, facilita, cuando debemos enfrentarnos a ellas una gestión más ágil y saludable. Hablar sobre la emoción , favorece su gestión. Es importante darle un lugar a las emociones de una forma explícita además de práctica y vivenciada.
¿Cómo acompañar un conflicto en el aula de forma respetuosa?
Como comentábamos anteriormente, a pesar de prevenir y facilitar estrategias, es natural que dentro del aula sucedan los conflictos, frente a ello proponemos:
- Estar presentes, no intervenir (si no es necesario). Muchas veces, cuando está sucediendo un conflicto, por la incomodidad que nos produce como adultxs, acudimos corriendo a “salvar” la situación, e intervenimos, sin dejar que lxs niñxs sean quienes se regulen entre ellos y practiquen sus habilidades personales para resolver estos conflictos. Con nuestra presencia y nuestra mirada, aportamos la seguridad y confianza necesarias y evidentemente si esta resolución desencadena en conductas violentas estaremos presentes para acompañar en la resolución del conflicto.
“Ante un conflicto, lo ideal sería la no intervención. Es decir, que cuando vemos un conflicto, que sean los propios niños y niñas los que pudieran solucionarlo. Eso no quiere decir que no estemos presentes. Puedes estar un poco más lejos de la situación, pero mirando y escuchando, sin intervenir. No intervenir no significa no estar presente. “ (Beatriz Pérez, Va de cuentos)
- Evitar los juicios. Muchas veces cuando nos acercamos a un conflicto, lo hacemos desde una mirada en la que hay un “culpable” y una “víctima”, es importante que nuestro rol sea un rol mediador, y no “justiciero”. El mediador no emite juicios, acompaña, escucha y facilita la resolución, tiene una mirada neutra.
No olvidemos que la infancia es un momento clave para la construcción de la identidad y frases como “ ya estás otra vez molestando a tus compañeros”, pueden determinar la autoestima de un niñx que quizá está atravesando en su vida por un momento complejo.
- Facilitar la expresión de la emoción. Es en este caso, cuando debemos preguntar cómo nos sentimos frente a un conflicto, para ello, debemos entender que el adultx será quien facilite la expresión, pero no quien se exprese por el niñx. Aquí podemos acompañar diciendo “ comunica a tu compañerx que no te ha gustado como te ha tratado” .
En este caso es importante atender las emociones de una en una, en primer lugar, hablamos sobre cómo tú te sientes ante el conflicto, lo expresamos sin interrupción y te escuchamos y, a continuación, otra de las personas implicadas en el conflicto habla sobre sus emociones. Esto nos ayudará a legitimar la emoción y favorecer herramientas para volver a la calma.
- El momento adecuado para resolver un conflicto es cuando el niñx lo necesite, no cuando el adultx quiera. Así pues, quizá el momento de activación de la agresividad no sea el momento ideal y debemos respetar los ritmos y procesos de cada unx antes de intervenir.
- El castigo y la autoridad, perpetúan los conflictos y propician climas de tensión en el aula. Además, ofrecen una connotación negativa a una emoción que es necesaria.
- Espacios de descarga y relajación. Encontramos en muchas ocasione espacios “de la calma” o lugares de “relajación” donde la vuelta a la calma tiene un papel protagonista, pero debemos comprender que para llegar a esta fase de acomodación de la emoción, necesitamos transitar antes por la emoción del enfado y para ello se requiere de la descarga de la energía que la emoción genera. Un lugar seguro y pensado para destruir, gritar, morder…movernos, puede facilitar una descarga sana de la emoción para dar paso a la fase de la calma, donde podremos intervenir y gestionar.
“En los conflictos tenemos que ayudar a los niños a que sean autónomos y pongan ellos mismos los límites. Muchas veces los adultos sobreprotegemos y no les damos herramientas para que se puedan enfrentar a los conflictos de forma autónoma.” ( Beatriz Pérez, directora de Va de cuentos)
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Artículo escrito por el equipo de Va de Cuentos, con la colaboración directa de Beatriz Pérez, Directora, y de Irene Castillo, investigadora pedagógica,
Bibliografía :
Alzate, R. (2004). Curso-Taller de habilidades de resolución de conflictos en el marco escolar. Dto. de procesos psicológicos básicos y su desarrollo. Facultad de Psicología. Universidad del País Vasco.
Bisquerra, R. y Pérez, N. (2007). Las competencias emocionales. Educación XXI, 10, 61- 82.
Simó, M. (2019). El mundo de las emociones. Descubrir ,comprender, aceptar , cambiar. Savanna Books.
Vaello Orts, J. (2006). Resolución de conflictos en el aula. Boletín nº.2006


