La gran fábrica de las palabras, reseña por Tamara Sastre
Hoy revisamos el cuento «La gran fábrica de las palabras», de Agnès de Lestradede con ilustraciones de Valeria Docampo. Las imágenes que vais a ver es de la edición de Sleepyslaps 2010, ahora podéis encontrarlo editado por Tramuntana.
Este bonito álbum ilustrado es un himno al amor, a los sentimientos reales. Aunque haya barreras que lo impidan, este fuerte sentimiento llevará al joven protagonista a hacer uso de lo que está a su alcance para conseguir su deseo.
En la portada, como si de algo aterrador se tratara, emerge una sombra enorme, a la izquierda, Diego, el protagonista de la historia, se nos presenta solo, sonriendo y con un cazamariposas, dispuesto a atrapar palabras.
En este extraño país dominado por una gran fábrica que escupe palabras al viento, para poder hablar se deben comprar las palabras y, como si de comida se tratara, deben tragarse para ser expresadas. ¡Las más bonitas y especiales son las más caras! Una preciosa comparación con lo esencial y necesario que es manifestar nuestros sentimientos y emociones.
La gran fábrica de las palabras: un relato que nos habla sobre la importancia de expresar nuestros sentimientos
Diego es pobre y quiere hacerle un regalo especial a Aura por su cumpleaños pero Óscar, que es rico, también siente afecto por Aura y, aunque puede hablar todo lo que quiera, sin costarle ningún esfuerzo, no hay profundidad en sus palabras, ni tampoco verdad.
Un protagonista seguro de sí mismo que no se acobarda ante el sistema que impera en la gris ciudad, demostrará su profundo amor aún pronunciando palabras sin sentido con ternura, poesía y emotividad, haciéndolas auténticas.
El color rojo cereza otorgará de calidez las imágenes y hará de punto focal en estas bonitas ilustraciones que, al principio del álbum tienen como paleta predominante colores marrones, sepia, ocres… como si el humo de la fábrica lo inundara todo.
Veremos cómo este color va cambiando a medida que la historia avanza para que los rojos sean cada vez más protagonistas y terminar con una imagen mucho más ligera y feliz gracias a que los sentimientos han podido ser transmitidos sin importar el significado de las palabras, sino qué carga emocional lleven.
Muy interesante detenerse en la ilustración donde se muestra la calle llena de tiendas con personajes grises portando bolsas de compras y fijarse en los carteles de las tiendas donde se venden palabrotas, onomatopeyas, nombres propios o palabras de verano.
En un sistema donde todo tiene precio, no resulta tan extraña esta ciudad donde los ricos hacen alarde de su postura social y los pobres se ahogan en el silencio.
Una lectura para reflexionar sobre la carga de los gestos, la honestidad de los sentimientos y la importancia de cómo comunicar lo que sentimos.
Texto de Tamara Sastre, ilustradora. Síguela en Instagram








